El pasado sábado mientras en el MET se representaba La Fille du Régiment con la Dessay y Flórez en el auditorio del Centro Cultural Miguel Delibes (CCMD) de Valladolid disfrutamos de una estupenda La Fida ninfa de Vivaldi en versión de concierto.

El auditorio tiene una muy buena acústica pero el arquitecto, Ricardo Bofill, decidió quitar todos los elementos prescindibles, entre ellos unas buenas barandillas. Los jóvenes las encontraran del todo prescindibles pero cuando se llega a una edad se agradece su existencia.
La decisión de hacer un viaje tan largo tenía su causa en un reparto interesante. Jaroussky como Osmino, un papel corto, José Manuel Zapata en una de sus primeras incursiones en el barroco y el Ensemble Matheus dirigido por Spinosi.
Todos los presentes disfrutamos mucho de la obra, incluso lo más reticentes al barroco nos confesaron que les gustó la obra. El motivo principal es la cantidad de arias increibles que contiene.
Especialmente me gustó la soprano Anna Maria Panzarella como Licorice, papel que contiene las arias más bonitas y difíciles. La mezzosoprano Barbara di Castri, con una voz grande y homogenea también estuvo muy bien. Menos me gustó la soprano Verónica Cangemi que no me pareció adecuada para el papel, en comparación con el resto sus coloraturas vivaldianas eran deficientes, el aire que se le acababa, y algunos agudos forzados.
Tanto Jaroussky como el bajo Lorenzo Ragazzo estaban afectados por los problemas que trae la primavera. El primero no estaba en plena forma y tuvo pequeñísimos problemas en su primeras arias, problemas que más tarde superaría, ofreciéndonos una irreprochable Qual serpe tortuosa. Ragazzo también tuvo sus problemillas, se pasó la noche con un pañuelo a mano, pero estuvo bien. Zapata supo controlar correctamente su bonita y potente voz y nos ofreció unos pianos y unas coloraturas muy convicentes para este repertorio.
La ópera finalizó con los cantantes contentos y con ganas de risa en la última escena. Escena que al final de la función tras lo numeros aplausos repitieron siguiendo las órdenes de Spinosi: Da capo!
Debo acabar esta entrada haciendo mención especial de Salarino y Alberto que me recibieron con los brazos abiertos y me dieron una cálida bienvenida, son unas personas encantadoras. Gracias por todo.
También estuvieron allí Papagena y Pedrillo. Gracias también por soportarme el día después hasta que cogí el primer AVE camino de casa.
Espero que nos podamos ver muy pronto.