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Doña Francisquita en la playa

El próximo 28 de Julio es la fecha elegida para la cita anual entre el GTL y la playa de la Barceloneta, la hora las 22.30.

En esta ocasión se trata de la zarzuela Doña Francisquita de Amadeu Vives, con Mariola Cantarero y Josep Bros en los papeles principales.

También será retransmitida en el Canal 33 de TVC, ver Retransmisiones, el jardín del Palau Robert de Barcelona y en Ca l’Estruch de Sabadell.

Grandes voces de la Lírica

El pasado miércoles 5 de Marzo tuvo lugar en el Auditori de Barcelona el tradicional recital a beneficio de la Fundación Clarós, cuyo principal objetivo es la lucha contra la sordera profunda. El recital que fue coordinado por el tenor Josep Bros tenía prevista la participación de seis intérpretes.

Por la parte masculina tuvimos al propio Josep Bros, al barítono Manuel Lanza y al bajo Stefano Palatchi, todos bien conocidos por el público liceísta. En la parte femenina estaba prevista la participación de tres sopranos de distintas caracterísitcas, Sumi Jo, Andrea Rost y Anna Caterina Antonacci. Finalmente Sumi Jo no pudo subir al escenario por culpa de una gripe, lo que supuso ajustes en el programa y le quitó parte del morbo al recital. Todos estuvieron acompañados por el excelente pianista Vicenzo Scalera.

Stefano Palatchi estuvo muy bien en sus intervenciones con sus tres piezas, Di sposo, di padre de Carlos Gomes, Ol’ man river de Kern y Hammerstein y Il lacerato spirito de Simon Boccanegra.

Manuel Lanza estuvo muy bien en Los cantos alegres de La del Soto del Parral y en Ah! per sempre io ti perdei de I Puritani. En el dúo con Josep Bros, Au fond du temple Saint, de Les pêcheurs de perles estuvieron muy bien ambos.

Josep Bros interpretó Porquoi me reveiller de Werther, donde estuvo muy valiente y obtuvo la primera gran ovación de la noche, y Matinatta de Leoncavallo, donde no estuvo nada conservador en sus ganas de ganarse al público y tuvo algún problemilla.

Andrea Rost, a la que era la primera vez que oía, es una soprano lírica con una voz grande, quizá un recital a piano en el Auditori no era el espacio para lucir su voz. Cantó Quel guardo il cavaliere de Don Pasquale, É strano de La Traviata, acompañada brevemente Josep Bros, y Un vel dí vedremo de Madama Butterfly.

Anna Caterina Antonacci fué la que eligió un programa más intimista. Cantó muy bien y con mucho gusto Les chemins de l’amour de Poulenc, Ideale de Tosti y la Seguidille de Carmen, donde la acompañó Josep Bros como Don José.

Parece ser que Anna Caterina Antonacci será Carmen en la temporada 2009-2010 del GTL, donde en el papel de Don José se alternaría Roberto Alagna y Rolando Villazón. Será una Carmen interesante, donde será difícil superar la de los años 80 con Agnes Baltsa y Josep Carreras.

El programa oficial acabó con un excelente Mira, o Norma interpretado por Andrea Rost, como Norma, y Anna Caterina Antonacci, como Adalgisa. Después de una fuerte ovación a todos los artistas que actuaron desinterasadamente cerró el concierto con la interpretación de Amigos para siempre.

Desafortunadamente el Auditori no se llenó y eso afectó un tanto a la acústica. Hay que decir que el público que acudió al acto benéfico estaba mucho más sano que el del GTL pues apenas se oyeron toses, seguramente mucho mejor abrigado que el del teatro barcelonés. Sólo tuve que aguantar los comentarios de Pituca y sus amigas, que se sentaban a mi izquierda.

Lucrezia Borgia, #70

Ayer tuvo lugar la segunda función de Lucrezia Borgia. La última vez que se representó esta ópera en el GTL fué en 1987 con la Sutherland y Kraus, como ya comentamos en el blog. Esta vez nos hemos tenido que conformar con una versión de concierto pero Donizetti es belcanto al fin y al cabo y siempre está bien oír algo de belcanto. O eso pensaba yo.

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Bartolomeo Veneziano, Retrato de una mujer, podría ser Lucrezia Borgia

Lo que oí anoche fué una interpretación lenta y relamida de la ópera de Donizetti. La primera parte de la ópera, ¿o debería decir concierto?, sólo me produjo desinterés. Y no es porque las voces fueran malas, el problema era que la interpretación de Edita Gruberova en el papel homónimo no era lo que se podría esperar en una ópera belcantista.

Hay que reconocer que la Gruberova todavía tiene una potencia vocal que es digna de admiración para su edad. Recordemos la cantante celebra los 30 años de su debut en el GTL y los 40 años de carrera, eso son muchas representaciones a la espalda. No emite los prodigiosos agudos de antaño que estremecían toda la sala pero todavía le queda mucho. Claro que eso hace que ahora tenga que cantar de otra manera.

Pero esa otra manera de cantar me parece fuera de lugar en este repertorio, de la misma forma que tuvimos que sufrir a Rolando Villazón fuera de estilo las representaciones de Manon la temporada pasada. El problema de Villazón, a mi entender, era que tenía que cantar así porque era de la única manera que tenía de salvar el aria.

En el caso de la Gruberova los preciosismos, pianísimos y demás de los que hizo gala empezaron a parecerme más bien carencias estilísticas de la cantante. Llega a parecer que esa es la única manera en que puede cantar, independientemente de que sea o no adecuado al estilo de lo que interpreta. Está claro que la belleza está en los oídos del que escucha.

Otro de los grandes atractativos de la ópera era que se interpretaba sin cortes la parte de Gennaro, que siempre ha sufrido severas mutilaciones musicales en los teatros, interpretada por Josep Bros. En líneas generales estuvo bien pero en la dificilísima aria T’amo qual s’ama un angelo nos hizo sufrir en los agudos. Ayer nos pareció un tanto dubitativo y en los agudos de ese aria no le notamos confortable, sus proyecciones de los agudos no las noté limpias.

Muy bien el Orsini de Ewa Podleś, aunque su voz cambia de color según el registro continua teniendo unos graves impresionantes. También me gustó Ildebrando D’arcangelo con una bonita voz en su corto papel de Don Alfonso. Espero volverlo a ver pronto en el GTL.

La orquesta estuvo al servicio del particular estilo belcantista de la Gruberova por lo que me pareció tan fuera de lugar como ella.

El público tenía tantas ganas de aplaudir que apenas aflojaba la orquesta y advertían un silencio había amagos de aplausos. Al final grandes ovaciones y bravos para la Gruberova y el resto del reparto. Yo no me quedé para comprobar si en esta función se igualaron o superaron los treinta minutos de ovaciones que, cuentan, hubo en la primera función. Aproveché para recoger el abrigo en el guardarropa sin aglomeraciones.

Coincidiendo con la representación tuve el gusto de conocer a Perl y con quien hice pre y post concierto.

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