Microtrends en el mundo de la música clásica (1)

En el libro Microtrends, the small forces behind tomorrow’s big changes Mark J. Penn lleva a los lectores a los mundos de las encuestas, el targeting y los análisis psicográficos.

Sus conclusiones son que ahora son las cosas que nos hacen diferentes más importantes que las que nos hacen iguales.

El mainstream se diluye y las diferencias aumentan aunque no nos demos cuenta. Antes los habitantes del edificio donde vivíamos eran familias muy similares, ahora la variedad es notoria.

Penn dice que son estas diferencias las que hay que explotar. Por ejmplo, ahora el buzoneo de las ofertas del supermercado no tiene sentido porque tipos de vida diferentes tienen necesidades diferentes.

¿Por qué hablar de la microtendencias? Porque en el fondo nos permiten definir a un grupo con unas actitudes muy concretas que comparten y que se repiten en muchos sitios diferentes a la vez.

Estos últimos meses he tenido la ocasión de presenciar conciertos, ópera y recitales con protagonistas muy mediáticos y he detectado una serie de rasgos comunes que me han llamado la atención.

El que más me ha llamado la atención es la obsesión que tiene una parte del público en tomar fotografías de la función o concierto al que asisten, como una especie de souvenir.

En todos los teatros en el programa de mano se especifica la prohibición de realizar fotografías, en algunos incluso está prohibido fotografiar las dependencias (algo que no acabo de entender). A pesar de ello en los saludos de los artistas los flashes de las cámaras no tienen nada que envidiar a los estadios deportivos.

Curiosamente los flashes no proceden precisamente de los pisos altos, al contrario, es en las localidades caras donde se es más descarado a la hora a tomar fotos saltándose la política del teatro o de la sala. El problema es que algunos, más impacientes, disparan el flash en plena actuación. Los intérpretes parece que ya se están acostumbrando a ello, parece que es algo con lo que tendrán que convivir.

Algunos teatros han comprendido que la prohibición de hacer fotografías es algo inevitable de forma que intentan mitigar el problema pidiendo al público que no haga fotos con flash. El éxito de la petición es nulo, los flashes inundan la sala.

Creo que los que toman las fotos piensan que la función o concierto al que asisten es único y quieren recordarlo, no en vano están ante los mejores intérpretes de la actualidad y eso se lo han cobrado bien caro. No deja de ser un complemento a la experiencia musical. También denota una mitomanía.

Quizá sería buena idea que los teatros pusieran a disposición del público las fotos de las salidas de los saludos para descargar de las propias webs de los teatros. No nos engañemos, por mucho flash que se use estas fotos suelen tener una calidad más bien mala. Acostumbran a salir oscuras, movidas, porque el flash a más de tres metros no sirve para nada y sólo molesta a los artistas y al resto del público.

Si yo fuera director de un teatro de ópera o sala de conciertos prestaría atención especial a este tipo de público y procuraría ofrecerles servicios y productos acordes a sus necesidades.

Yo buscaría inspiración en los promotores de conciertos de música pop y rock. Creo que el que mejor está entendiendo esto actualmente es el general manager del MET, Peter Gelb.

Ver Microtrends en el mundo de la música clásica (2) y (3).

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Publicado el 2 julio 2008 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. No recuerdo ahora mismo el teatro o avispado que tenía en proyecto ofrecer a la salida un DVD o CD de la función que acababas de presenciar. Incluso se barajaba la idea de que fuese dedicado por los artistas de turno. Excelente idea que choca con diversos intereses no siempre coincidentes…
    Respecto al fondo del asunto: la naturaleza privilegia a la especie sobre el individuo, y éste busca su propia identidad definitoria. Un precioso contraste.

  2. Hola María, los teatros tendrían que hacer tan poco por contentar al público y completar su experiencia operística…

    A ver con qué nos sorprenden…

    PS: Kenderina, los ingleses siempre tan tradicionales… Será por eso que en Wimbledon se juega todavía de blanco… 😉

  3. Estoy de acuerdo con poner a servicio del publico fotos o DVDs de las producciones. Algunas operas que me quede con las ganas de tener, como Xerxes en New York,con David Daniels y la maravillosa Lorraine Hunt y encima en ingles, o Rodelinda con Renee Fleming,las habria pagado en oro.Casi. Vender estos productos a la salida me parece es una manera de ayudar al business del teatro.Excelente tema,Mei.Saludos,
    Maria

  4. Interesante post, Mei 🙂 En Covent Garden no pasa lo de los flashes , no se si es porque la gente respeta la norma o porque lo vigilan mucho y los pillan antes de entrar , jejeje.
    Pero yo estoy de acuerdo contigo, pienso que deberian mirar a lo que se hace en los conciertos de pop y rock (aunque algunos tampoco son el ejemplo perfecto) y “modernizar” un poco la forma en que se organizan. Hay que cuidar un poquito mas el “business” si pretenden , al menos, no tener perdidas y aprovechar un momento en el que yo pienso que va mucha mas gente a la opera que hace algunos años, vamos, fidelizar la clientela que dicen 😉

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