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Les Troyens, ROH


El estreno de ayer en la ROH de Les Troyens sólo puede calificarse de éxito. La producción de McVicar es de una gran fluidez y por lo tanto sale victorioso en el desafío de la puesta en escena de esta monumental obra de Berlioz.

Les Troyens no se representaban en la ROH desde hace 43 años y desde entonces son recordados como algo muy especial de forma que su vuelta al Covent Garden sólo podía ser a lo grande con una gran producción, un reparto estelar y una dirección musical basada en una nueva edición de la partitura.

A pesar de todas las optimistas previsiones la producción empezó con mal pie debido a la cancelación de Jonas Kaufmann como Enée, el gran reclamo publicitario de la ROH. Los ensayos empezaron esperando su recuperación y durante tres semanas no estaba claro si lo podría cantar. Finalmente la cancelación fue inevitable y fue reemplazado por el tenor estadounidense Bryan Hymel quien ya tenía en repertorio este papel.

La producción firmada por McVicar tiene la virtud de conseguir captar la atención del público en todo momento. No se escucharon toses en exceso, nadie se removió impaciente en su asiento, tal era la atención del público. Y esto se consigue gracias a que en la acción todo fluye. No hay parones, a pesar de los múltiples ballets, obra del coreógrafo Andrew George, éstos quedan integrados dentro de la acción.

Las masas están bien dirigidas, cada uno de los que la integran saben qué deben hacer cohesionando de las escenas, como por ejemplo en el suicidio colectivo de las mujeres troyanas del segundo acto.

Yo creo que McVicar ha dado con los elementos clave de la ópera. Representa a Cassandre como una paria a la que todo el mundo evita, como a una apestada. En la parte de Cartago consigue reflejar como en ninguna otra producción el amor que el pueblo cartaginés profesa por Didon, siendo esta parte quizá la más inspirada de toda la producción.

La escenografía, ideada por Es Devlin, responsable también de las ceremonias de los Juegos Olímpicos de Londres, es espectacular, muy voluminosa. Grandioso es el caballo de Troya que acaba echando fuego al final del segundo acto como si fuera un dragón.

En la primera parte un gran edificio de una altura considerable, hecho con deshechos metálicos reciclados, que más tarde se abre, ocupa casi todo el escenario. El vestuario es decimonónico, las mujeres con sobrios vestidos largos y los guerreros con uniformes militares. Parece una Troya inspirada en la imaginación de Jules Verne.

En la segunda parte una gran kashba representa la idílica Cartago. Una representación en miniatura de la ciudad hace las veces de trono a la reina Dido. El vestuario de los cartagineses es muy colorido y denota la felicidad en la que viven los cartagineses.

Las grandes triunfadoras de la noche fueron Anna Caterina Antonacci, como Cassandre, y Eva-Maria Westbroek, como Didon. Ambas consiguieron ovaciones y pataleos espectalures al fina de cada parte y en los saludos finales.

A pesar del desgaste propio de la edad Anna Caterina Antonacci continua siendo una Cassandre conmovedora, uno de sus mejores papeles y con una dicción del francés excelente.

Eva-Maria Westbroek es una Didon que muestra sus emociones, nos enteramos de su estado emocional. Sus graves son sonoros y los agudos sanos. Su aria final, Je veux mourir,  nos dejó a todos conmocionados por su intensidad.

Bryan Hymel, como Enée, también consiguió su parte de éxito, especialmente en el aria del quinto acto donde un pequeño parón de la orquesta facilitó el aplauso del público que no osó romper la continuidad musical hasta ese momento.

La aguda tesitura de Enée obliga a Hymel alcanzar los agudos con una proyección un tanto velada. Su francés más bien al servicio de sus carencias, con un exceso de aes en lugar de es. A pesar de que cantó el papel mejor que hace dos años en Amsterdam, funciones en las que Eva-Maria Westbroek era Cassandre y comentadas en el blog, donde los agudos se quedaban todavía más atrás.

Me comentan que Hymel sonaba bastante diferente en el príncipe de Rusalka, que cantó anteriormente esta temporada en la ROH, con la voz más proyección debido a que el registro no es tan agudo.

Fabio Capitanucci, como Chorèbe, me pareció un poco fuera de lugar. A pesar de poseer una voz bonita su interpretación careció del empaque que requería el personaje. Quizá un barítono francés hubiera conseguido mejores resultados.

Hanna Hipp, como Anna, la hermana de Didon, estuvo muy bien. Su dúo del tercer acto con Eva-Maria Westbroek fue una de las mejores de la noche.

Excelente y contundente Brindley Sherratt como Narbal, un señor bajo. Muy bien también Ji-Min Park, como Iopas, con un francés mejor que otros. Lo mismo puede decirse del resto del reparto.

Dejo para el final la dirección musical de Antonio Pappano. Hace una lectura más lírica de la partitura que Colin Davies, aportando un punto de vista más romántico, en consonancia con los tiempos de Berlioz, que épico, que estaría más en sintonía con los hechos que se narran.

Al final grandes ovaciones por parte del público que salió muy satisfecho del teatro. Quizá tan impactados como los que vieron hace 43 años Les Troyens. Yo si pudiera repetiría sin dudarlo.

Falta la confirmación oficial pero parece seguro que Les Troyens será la primera ópera que la ROH retransmita por internet, será el próximo 5 de Julio.

En cualquier caso se podrá escuchar por la BBC ya que Les Troyens, en verszión concierto, forma parte del programa de los Proms de este año. No sé si en directo o en diferido.

Voluminoso el programa de Les Troyens en un tamaño el doble del habitual y con un precio en consonacia, 10 libras en lugar de las 7 habituales.

Ver Les Troyens bajo demanda para todo el mundo.

I Puritani, TR

El jueves por la noche tuvo lugar en el Teatro Real la primera función de la versión en concierto de I Puritani. Entre los atractivos de la función la presencia de Juan Diego Flórez como Arturo y Église Gutiérrez como Elvira.

He de confesar que los atractivos no confirmaron mis expectativas y que al final los que mejor estuvieron fueron los dos barítonos que, al final, fueron los que se llevaron el gato al agua. Una función un tanto anodina que invitó, en algunos momentos, al bostezo y que, por tanto, no consiguió que el público respondiera con calidez en los momentos más brillantes de la partitura de Bellini.

Juan Diego Flórez no estuvo muy entonado en la primera parte, la voz no le fluía en los agudos y parecía que salía más bien a fuerza de empujones. Se le notaba un tanto inquieto, en algunos momentos.

En la segunda parte estuvo mejor pero como ya he comentado más arriba dejó al público un tanto frío. En estas circunstancias no parecía que Arturo fuera un papel adecuado para Flórez.

Église Gutiérrez mostró el bonito color de su voz, con un centro muy rico pero con un registro agudo en el que la voz se adelgaza. El resultado es que aunque es capaz de dar todas las notas en ese registro muestra una falta de contundencia que hace que su canto no llegue a impresionar, al menos por lo que escuché en el concierto de ayer.

Los dúos de Fabio Maria Capitanucci como Sir Riccardo Forth y el bajo Nicola Ulivieri como Sir Giorgio fueron lo más destacable de la noche, sus amplias voces dejaron en evidencia la menor amplitud vocal de la pareja protagonista.

Bien Roberto Tagliavini como Lord Gualtiero Walton. Gabriella Colecchia como Enrichetta di Francia dejó constancia de su volumen de voz pero no le dió al papel de reina la majestad que precisaba.

El coro estuvo muy bien toda la función. La orquesta sonó bastante bien, aunque quizá poco belcantista, sin viveza, bajo la dirección de Miquel Ortega. No sé si esto influyo en la interpretación de los cantantes. Los metales sonaron descontrolados al principio pero luego mejoraron.

Esperemos que en el concierto del domingo esté todo el reparto más inspirado.