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La Cenerentola, BSO

El pasado domingo tuvo lugar la última función de La Cenerentola en la Bayersiche Staatsoper fuera del Festival de Ópera de verano. El mes que viene habrá un par de funciones más pero con la excusa de que se trata del Festival de Ópera los precios aumentan.


Foto: Bayerische Staatsoper

Había varios motivos para acercarse a Múnich y diusfrutar de Rossini. El primer motivo era que Joyce DiDonato volvía a retomar el papel de Angelina que creo que no lo había cantando desde que lo cantó en el GTL junto a Juan Diego Flórez. El segundo era que el tenor era Larry Brownlee al que ya tenía ganas de escuchar en un teatro de ópera. La tercera era que el barítono italiano Corbelli, una garantía para el papel de Don Magnifico. El cuarto era la clásica producción de Ponnelle. Como no podía ser menos las entradas estban agotadas.

La verdad es que a pesar del asiento que me había adjudicado la taquilla de la BSO, un lateral del centro del tercer rang, con una visibilidad un tanto escasa para el precio pagado, pasé una tarde agradable.

Joyce DiDonato dejó constancia de que éste es uno de sus papeles preferidos y que domina de principio a fin. Sigue con el dominio de la coloratura, creo que ahora controla mucho mejor la respiración, y escucharla en ese papel es un gusto. No noté problemas con los graves, aunque no sonaron contundentes tampoco los noté forzados. A su voz un tanto asopranada de modo no se le puede pedir mayor rotundidad, si se busca eso habrá que buscar otras mezzosopranos. Con estas cualidades sólo puedo decir que cosechó un éxito en la escena final de la ópera.

Larry Brownlee estuvo muy bien como Don Ramiro. Sus agudos son más que suficientes aunque en esta ópera el lucimiento del tenor es un tanto reducido, sólo tiene un aria de compromiso en el segundo acto. Su voz no tiene la brillantez en el agudo de Juan Diego Flórez pero su registro grave es más consistente que el de éste. Su tamaño de voz es más que suficiente, yo le pude escuchar perfectamente desde el tercer rang que ya es bastante arriba.

Alessandro Corbelli compuso un Don Magnifico magistral, como no podía ser menos. Su control de la respiración le permite recitar esas parrafadas rossinianas sin defallecer y entendiéndosele todo. Corbelli es un lujo en cualquier obra rossiniana.

Nikolay Borchev como Dandini estuvo correcto pero con un registro grave un tanto corto. El resto del reparto estuvo bien aunque me pareció superior el que pudimos escuchar en el GTL la temporada 2007-2008, cómo pasa el tiempo.

Al final grandes ovaciones especialmente para Joyce DiDonato, Larry Brownlee y Alessandro Corbelli que consiguieron la aprobación del público con el pataleo típico de la casa.

Adriana Lecouvreur, ROH

Ayer asisití a la última función de Adriana Lecouvreur de la ROH. La producción de McVicar me gustó mucho y me lo pasé muy bien durante toda la función. Es una suerte que se vea la temporada que viene en el GTL.

McVicar mantiene la época de la obra y un decorado móvil del que vemos una vista distinta cada acto: las bambalinas de un teatro, el lugar de encuentro entre la princesa de Bouillon y el conde de Sajonia, el palacio de Bouillon y la residencia de Adriana Lecouvreur. Es una solución muy eficaz y efectista en la puesta en escena.

A destacar el bonito ballet que cerró el tercer acto. La única pega es que los cautro actos se hacen en tres partes, la segunda parte, el tercer acto, sólo dura 28 minutos.

Ángeles Blancas es una convincente Adriana, domina la escena y es  creíble como diva teatral. Especialmente conmovedora resultó en la escena final. Su voz  era segura y controlada, me pareció especialmente entonada.

Jonas Kaufmann com Maurizio estuvo bastante bien aunque hay que reconocer que su interpretación sonó un tanto germánica.

Olga Borodina como la princesa de Bouillon desplegó su aterciopelada y amplia voz en el ingrato papel de mujer engañada.

Alessandro Coberlli como Michonet, el enamorado de Adriana sin esperanzas, empezó frío pero fue entrando en calor a medida que avanzaba la función para acabar con buen nivel.

Bien la orquesta bajo la dirección de Mark Elder.

Al final ovaciones para todos, especialemente para Jonas Kaufmann, y la sensación de salir del teatro satisfecha y con ganas de volver a ver la producción el año que viene.

Ver Blancas canta Cilea y Gheorghiu & Kaufmann cantan Cilea.

Dandini en Nueva York

Este año el periplo americano tuvo una primera jornada cargada de adrenalina y yo diría que con carácter épico. Un retraso de cinco horas en el aeropuerto de El Prat y de una hora en JFK sumado a la lluvia, la escasez de taxis y un underground con paradas más largas que las habituales estuvo a punto de malograr la primera ópera (sin entreactos) que afortunadamente se inició con doce minutos de retraso. Con la maleta en la consigna del teatro llegué a mi butaca con hiperventilación pero tres minutos más tarde el inicio del espectáculo se normalizó la respiración pasando la concentración al aspecto auditivo y visual.

Foto: Sara Krulwich/The New York Times

From the house of death no es bajo ningún aspecto una obra menor de Leoš Janáček. Un compositor que hoy en día se recupera en todos los teatros del mundo, con una personalidad artística única y con pocos paralelismos con otros músicos. La obra versa sobre las frustraciones y experiencias de un grupo de presidiarios. La multigalardonada producción del debutante en el MET Patrice Chéreau (que esta temporada también se verá en La Scala), apoyada en una austera escenografía, rozaba de forma suavizada la idiosincrasia de Bieito.

La dirección de actores absolutamente soberbia y cuidando el más mínimo detalle llegaba a su punto culminante en la escenificación de dos obras por parte de los presos. El público del MET tildado habitualmente de conservador aplaudió calurosamente la representación (figurantes incluidos). Parece ser que este teatro quiere algo más que no sólo Zeffirelli y Traviata.

El largo elenco tenía un gran nivel del que destacaríamos Peter Hoare, Willard White, Stefan Margita y Kurt Streit. Entre ellos sobresalía un extraordinario Peter Mattei, como Šiškov, de intachable musicalidad y luciendo posiblemente la voz más hermosa de barítono que podemos encontrar hoy en día “around the World”.

El debut en el MET de Esa-Pekka Salonen no pudo ser más positivo: sonido compacto, cuidado extremo por el detalle y aportación del lirismo adecuado. Al concluir grandes ovaciones para todos y la sensación de haber asistido a un espectáculo de grandísimo nivel.

Foto: Sara Krulwich/The New York Times

La siguiente representación supuso el reencuentro con una de mis obras favoritas, Les contes d’Hoffmann, y el estreno de la nueva producción de Barlett Sher (después de su éxito con Il Barbiere di Siviglia). Con la utilización de unos decorados sencillos pero sugerentes, la idea del espectáculo resultó ser errática y superficial con bastantes momentos de relleno en la utilización de los figurantes y el cuerpo de baile sin demasiada coherencia. La persecución del poeta a cargo de una starlets en topless con poca gracia tampoco ayudaba demasiado.

La dirección orquestal corrió a cargo de James Levine tras un paréntesis de reposo por motivos de salud cuya aparición fue celebrada con una gran ovación de bienvenida. Su dirección estuvo muy pendiente de la textura y la sonoridad de los instrumentos y el resultado fue deslumbrante. Se puede optar por lecturas más enérgicas pero nunca he oído un Hoffmann tan bien tocado.

El reparto que había sufrido numerosas cancelaciones venía encabezado por Joseph Calleja. Su voz es grande, hermosa y el timbre especialmente penetrante pero las frases largas le provocan algún pequeño problema con la afinación. A nivel escénico se le notó algo tenso pero su labor fue correcta. Si consigue corregir estos pequeños problemas vocales un grandísimo tenor (el tiempo dirá…).

A su lado Alan Held con una voz sonora y fácil hizo una notable aportación a los cuatro roles villanos a los que echaríamos en falta algo más de sutileza. Espléndida la Giuletta de Ekaterina Gubanova. La sorpresa de la noche vino de la mano de Kate Lindsey, como Niklausse. Su voz no es muy grande pero tiene textura aterciopelada, es muy bella y la musicalidad incontestable.

No fue sorpresa el pletórico estado vocal de Anna Netrebko, como Antonia, con un poderío vocal impresionante de timbre ancho, casi spinto y unos agudos que recuerdan a la joven Joan Sutherland. Al final ovaciones para todos pero la sensación que puede mejorar el aspecto vocal en funciones sucesivas.

El tercer día Fabio Luisi, otro gran director, nos volvió a deleitar con una lectura extraordinariamente vivaz de Le nozze di Figaro. La producción de Jonathan Miller estuvo en esta ocasión reforzada por unos intérpretes en estado de gracia.

Hay que destacar en primer lugar al Fígaro de Luca Pisaroni (1975). Actor extraordinario, recitativos impecables, dicción diáfana y musicalidad extrema (qué gozada). A su lado Danielle de Niese rivalizó en el aspecto escénico pero vocalmente presentaba algún problema en la impostación. Es por ello que al inicio del tercer acto se anunció que sería sustituida por Lisette Oropesa de hermosa vocalidad pero menos expresiva.

Muy bien cantado y actuado el Cherubino de Isabel Leonard y exuberante pero con menor estilo el Conde de Ludovic Tézier. La sorpresa de la noche fue en este caso la Condesa de Angela Meade (1977). Voz grande, hermosa, gran musicalidad, estilo adecuado y buena actriz: A star is born. Al final grandes ovaciones para todos pero con mayor intensidad para Pisaroni y Meade.

Foto: The New York Times

El último día asistí a una representación de Il trittico. La escenografía es un gran acierto desde el punto de vista visual que afortunadamente viene acompañada en este caso por una soberbia dirección de actores de Jack O’Brien que en el caso de Gianni Scchichi calificaría de genial. Se nota que ha habido un trabajo intenso (que recuerda a “la Cubana”) dotando a todos los personajes (incluso los más secundarios) de marcada personalidad.

Stefano Ranzani al que conocemos en el Liceu por sus direcciones de Fedora y Samson et Dalila optó por una lectura de dulce lirismo y pocas explosiones que en Suor Angelica con una orquesta en estado de gracia llegó a momentos francamente conmovedores.

Patricia Racette cantó los tres roles de soprano con la lección muy bien aprendida. Fraseo típicamente pucciniano, dicción clara y sentido dramático innegable. Su voz no es la más bella del mundo pero no tiene problemas de tesitura donde otras se estrellan y caramba ¡qué nivelazo! A su lado apareció también en las tres obras Stefanie Blythe. Voz y cuerpo voluminosos, graves atronadores, gran musicalidad y buena actriz (esperando verle la Azucena algún día). Ambas recogieron grandes ovaciones a lo largo de la representación y al final.

Foto: Ken Howard/Metropolitan Opera

De los demás interpretes destacaremos a Željko Lučić con buenas intenciones pero más lírico de lo deseable. Espléndido Aleksanders Antonenko como Luigi. Voz muy timbrada y de belleza relativa para el Rinuccio de Saimir Pirgu (que debutara en el Liceu como Fenton) y excelente cantante–actor Alessandro Corbelli como Schicchi.

Un excelente viaje operístico que contó con la inestimable compañía de Loge, Amfortas y, cómo no, de la inevitable “French onion soup” que sienta tan bien en la fría noche neoyorkina.

Dandini