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Tristan und Isolde, #53

En la primera función de ayer de Tristan und Isolde se puso en evidencia la constatable mejora de la orquesta en cuanto a prestaciones, excepto algún titubeo en el preludio del tercer acto.

La orquesta ha sonado más atinada que, por ejemplo, en las titubeantes funciones de Die Meistersinger von Nürnberg de la pasada temporada. Es una buena noticia y debe dejarse constancia de ello.

A pesar del excelente sonido de la orquesta la poco enérgica, casi plana, dirección de Sebastian Weigle no consiguió emocionarme en ningún momento de la noche, ni en el preludio inicial, ni el preludio del tercer, ni en el liebestod. Tengo que reconocer que al final consiguió que me aburriera un poco en el tercer acto.

No me extraña que al final hubo quien deciera aplaudir antes de la última nota, aplausos que se cortaron con un sonoro chistar. Al final se aplaudió una vez finalizadas todas las notas y sin ningún momento de recogimiento por parte del público.

En cuanto a los cantantes los agoreros que vaticinaban la poca forma de Deborah Voigt en el papel de Isolde se equivocaron. La Voigt puso en evidencia que conserva la potencia y resistencia para el papel, otra cosa es que su timbre guste más o menos. Creo que no fué justamente recompensada por el público al final de la representación.

Foto: Antoni Bofill / GTL

Quien se llevó los mayores aplausos fué Peter Seiffert que ofreció inicialmente un pletórico Tristan en el primer acto para ir decayendo a partir de la mitad del segundo acto y estar francamente mal en el tercer acto, galleando alguna nota. Se notoaba que la voz no acaba de salir en condiciones, con vibrato y con la voz quebrada. Espero que este problema sea ocasional y que se subsane en las próximas funciones.

No puede evitar recordar la crónica de dandini de su Tristan del MET y lo que me tocó presenciar en su Tannhäuser madrileño la temporada pasada. Al final creo que se llevó más bravos de los que realmente mereció.

Mucho más lucida me pareció la Brangäne de Michaela Schuster que estuvo contundente en todas sus intervenciones y espero volver pronto en el GTL.

Bo Skovhus como Kurwenal me pareció correcto, casualmente era el único cantante que repetía papel wagneriano desde la pasada temporada.

El Rey Marke de Kwaangchul Youn fué de menos a más. Aunque en el segundo acto estuvo correcto en el tercer acto, a mi entender, flojeó y me hizo añorar la majestuosidad que confiere al papel Matti Salminen, por poner un ejemplo.

Norbert Ernst estuvo bien en el corto papel de malvado Melot. Lo mismo puede decirse de Francisco Vas y Manel Esteve Madrid.

Sobre la producción sólo puedo añadir que trata la pasión amorosa de Tristan e Isolda como un cuento de hadas, casi como una fábula en la que poco interviene la carnalidad de ese amor.

La escena final es impactante, al menos para mí, cuando la escena se oscurece y un foco resalta Isolde durante el liebestod para finalizar la ópera con Isolde y Tristan fundidos en un abrazo, unidos, al fin, en la muerte, el único espacio donde era posible su amor.

Al final grandes aplausos y bravos para la orquesta y también, a mi entender excesivos, Sebastian Weigle.

Ahora sólo queda ver qué ocurre con Seiffert en las próximas funciones y ver el rendimiento del reparto popular, compuesto por Jennifer Wilson e Ian Storey, que visto lo visto parece más solvente que Seiffert en este papel.

Ver Tristan und Isolde, GTL y Tristan und Isolde, #55.

Die Meistersinger von Nürnberg, #72

El pasado domingo asistí a la tercera función de Die Meistersinger von Nürnberg de la que ya hice un comentario inicial a raíz del ensayo general.

Creo que por lo visto y oído el domingo se puede afirmar que Die Meistersinger von Nürnberg será uno de los grandes títulos de esta temporada, principalmente debido al excelente reparto vocal con el que se ha presentado en el GTL.

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Foto: GTL

Si la ópera tiene algo que la distingue de otros géneros son las voces y aquí han estado a gran nivel. Incluso la debutante en el papel de Eva, Véronique Gens, que podría ofrecer algunas dudas en cuanto a su idoneidad, no desentonó junto a un excelente Albert Dohmen, como Hans Sachs, que aguantó sin pestañear bien hasta el final de esta larguísima ópera.

Robert Dean Smith, al que escuché la temporada pasada del Real como Tristán, también fue un excelente Walther, cantó muy bien aunque a veces su voz parecía un poco justa para un teatro de las dimensiones del GTL. Bo Skovhus, como Beckmesser, también estuvo bien, quizá en una de sus mejores interpretaciones en el GTL.

Muy bien también la otra pareja del reparto, David y Magdalene, interpretados por Nobert Ernst y Stella Gregorian, que sustituía a la inicialmente anunciada Nino Surguladze.

La orquesta fue de menos a más. Los primeros compases del preludio sonaron mates y como emborronada, aunque sonaba bastante mejor que en el ensayo general. La verdad es que, aparte de alguna pifia del viento, el mejor acto fue el tercero donde es posible ofrecer una versión más lírica que en el fondo es la visión en la que parece estar interesado en ofrecer Sebastian Weigle.

La orquesta del GTL es una de las mejor pagadas del estado español. En estas circunstancias es lamentable que deba maquillarse la orquesta con incorporaciones de músicos de otras orquestas, por ejemplo la Filarmónica de Berlín. El coro, por el contrario, estuvo muy bien, siguiendo su buena marcha.

La producción de Claus Guth me pareció buena. Consigue que el movimiento escénico encaje a la perfección con la escenografía. Algunas ideas pueden ser discutibles, por ejemplo la escena de la noche de San Juan donde quizá se magnifica la violencia del  libreto, pero en general me ha gustado. Personalmente la prefiero a la insulsa producción de El Holandés Errante de Rigola de hace un par de temporadas.

Claus Guth da muestras de que conoce bien la ópera. Destaca con la ayuda de proyecciones los momentos que podrían considerarse clave en la obra. Subraya los distintos niveles de la obra, más o menos acertadamente, y consigue que mantengamos el interés en lo que ocurre en el escenario.

La verdad es que las 6 horas, con descansos incluídos, de Wagner merecieron la pena. Me ha parecido de lo más satisfactorio de lo que llevamos de temporada.

Ver Die Meistersinger von Nürnberg, #76.

Dandini desde la Semperoper de Dresde

El teatro Semperoper tiene una gran belleza arquitectónica, su estilo podriamos definirlo como neorrenacentista y cuenta con una de las mejores apuestas artísticas de Europa.

Tannhäuser se presentaba en una producción de 1997 firmada por Peter Konwitschny que no molesta ni entusiasma. La estética kitsch no es la más adecuada para el Venusberg y el protagonista aparece como un ser hedonista e irresponsable que no resulta demasiado convincente.

El director de orquesta era Christof Prick, de amplio historial liceísta (Lohengrin, Mujer sin sombra y Arabella). Después de un primer acto no muy inspirado mejoró mucho en los dos restantes a las órdenes de una orquesta de sonido glorioso que levantaría oleadas de bravos en el Liceu.

Siempre me ha gustado el sonido estereofónico de la voz de Brigitte Hahn que hemos oído un montón de veces en Barcelona (Ariadne, Mitridate, La Clemenza di Tito, Don Giovanni, Midsummer night’s dream). En el momento actual parece que la proyección de su voz ha mejorado considerablemente y resultó ser una Elisabeth de categoría.

Robert Gambill ha cantado muchas veces el Tannhäuser y sabe sortear los escollos de forma admirable a pesar de tener unos medios bastante limitados. Michaela Schuster creó una enérgica y convincente Venus de timbre metálico en el extremo agudo. Christof Pohl es un barítono de agradable voz y buena lÍnea que recuerda un poco a Hampson.

Por último la sorpresa de la noche fué Georg Zeppenfeld como Landgraf. Este joven bajo posee una voz de timbre precioso, con unos graves rotundos y un sentido del legato admirable. Se llevó una gran ovación personal.

Meistersinger von Nürnberg se presentaba en producción de Claus Guth. Esta ópera siempre ha supuesto grandes quebraderos de cabeza a los registas. El Sr. Guth situa la acción en una especie de país de las maravillas que evoluciona a fábula trágica del que al final huyen tanto el derrotado Beckmesser como los enamorados Walther y Eva. Por su puesto contiene momentos irónicos, mágicos y discutibles que evidentemente levantaría la ira de los liceístas preconciliares.

Simone Young consiguió en su debut en la casa un óptimo rendimiento de la maravillosa orquesta pero en algunos momentos su lectura pareció un poco mecánica. El mejor elemento del reparto fue Bo Skovhus que hizo un magnífico Beckmesser tanto vocal como escénicamente. Éste es junto a Billy Budd el mejor rol en el que le he visto.

Alan Titus cantó un notable Hans Sachs, un rol interminable que pocos pueden acabar, sin muestras de cansancio. Raymond Very cantó un adecuado Walther al que faltó proyección vocal en algún momento, quizás motivada por su indisposición anunciada al inicio del 2º acto. Eva era Ute Selbig que parece una soubrette promocionada a un repertorio más pesado. Todo en su sitio, voz hermosa, buen volumen, pero se endurece en el agudo del quinteto. Muy bien, por último, Christa Mayer como Magdalene, Oliver Ringelhahn como David y Michael Eder como Pogner.

Rigoletto, se presentaba en una nueva producción de Nikolaus Lehnhoff. La escena tenía un carácter siniestro y a la vez claustrofóbico. La dirección de actores estaba muy bien pensada y los intérpretes supieron plasmarla de forma admirable. El Rigoletto de Zeljko Lučić tiene la voz adecuada para el rol y es capaz de declamar y apianar en transición aparentemente espontánea. Su poder comunicativo es bastante superior al de gloriosos barítonos verdianos a pesar de que su afinación no es 100% exacta.

La Gilda de Diana Damrau de escuela centroeuropea es una auténtica delicia. La precisión de las notas es absoluta y el canto legato es admirable. Su voz en el agudo suena ancha y poderosa, a semejanza de la inolvidable Mirella Freni. A parte de todo esto comparte la obsesion por el detalle escénico de otras divas modernas como Netrebko y Dessay. Por último consignar que cuando ella lo considera oportuno da a sus notas graves una gran proyección como en Tutte le feste.

El Duca de Juan Diego Flórez posee un fraseo de insuperable belleza y su voz resulta perfectamente audible a lo largo de toda la partitura. Seguro que Álvarez y Beczala le superan en decibelios pero evidentemente no en legato.

De nuevo en escena el descubrimiento de Georg Zeppenfeld que además en esta ocasión demostró una gran ductilidad pues su canto era totalmente verdiano. Por último decir que Sofi Lorentzen compuso una Maddalena exuberante en el físico y discreta en lo vocal.

La orquesta sonó de maravilla bajo las órdenes de Fabio Luisi que dio a la partitura el requerido contraste entre los momentos líricos y el brutal dramatismo. Al finalizar éxito enorme para los protagonistas con standing ovation incluida.

El bajo aleman Georg Zeppenfeld nació en Attendorn y estudió en Colonia donde fue discípulo de Hans Sotin. Debutó en el año 1997 en la ópera de Munster interpretando el rol de Titurel en Parsifal. Entre sus roles más destacados encontramos Pimen, Gurnemanz, Rey Marke, Filippo II, Zaccaria, Fígaro, Sarastro y el viejo hebreo en Sansón y Dalila.

Ha actuado bajo las ordenes de directores como Abbado, Masur, Harnoncourt, Gatti, Thielemann, Luisi, etc. Su voz ha sido escuchada en los teatros de ópera de Munich, Berlín, Viena, Milán, París, Dresde, San Francisco, Salzburg, Madrid y Glyndebourne. Tiene previsto su debut en el MET interpretando el rol de Sarastro en el año 2009.

En resumen un magnífico viaje operístico, mejorado por la compañía de los amigos Pilar y Amfortas.

Dandini.