Archivos Mensuales: septiembre 2009

Yevgény Onégin, La Scala

Ya hace años que tenía pendiente una visita al teatro de ópera más famoso del mundo. Por fin esto fue posible el 16 y 17 de Julio donde pudimos asistir a 2 representaciones de Onegin con distintos repartos procedentes junto con la Orquesta y el coro del teatro Bolshoi de Moscú.

Lo cierto es que el edificio visto desde el exterior no aparenta albergar un templo operístico de tal magnitud. Las puertas de entrada las ubicaríamos fácilmente en una masía señorial del Empordà. En el interior del teatro eso sí una gran cantidad de publico bien trajeado y alguna figura de la pasarela dando al evento un toque de glamour. De todas formas siempre he pensado que lo realmente importante viene cuando se apagan las luces y quedamos fascinados por lo que acontece en la escena y en el foso orquestal.

Pasando ya directamente al tema artístico hemos de empezar enunciando que la producción pertenecía al joven genio ruso de la escena: Dmitri Tcherniakov (1970). Merecedor del Abbiati a la mejor dirección escénica operística por El Jugador presentada en 2006 en La Scala y en Berlín (UDL). Su visión de la obra de Pushkin viene reforzada por un exhaustivo estudio con todo tipo de detalles de movimiento escénico de los solistas y de los miembros del coro que actúan de forma individual a un nivel inaudito.

Los personajes están muy bien definidos pero yo hablaría de Larina que se presenta aquí como una rica hacendada de provincias de carácter totalmente histérico debido a sus frustraciones juveniles y que pasa de la risa al llanto con suma facilidad. El enamorado Lensky será el maestro de ceremonias en el aniversario de Tatiana y será el mismo quien cantará los couplets escritos por Monsieur Triquet. Todos estos esfuerzos y su posterior enfrentamiento con Onegin serán motivo de mofa por unos invitados cotillas con la única comprensión de la deprimida Tatiana. Ésta en el último acto con la complicidad de marido se librará de Onegin a pesar de los intentos de suicidio de éste.

Foto: Damir Yusupov / Teatro Bolshoi

Entre los cantantes citaremos en primer lugar a dos Tatianas de auténtico lujo visual y auditivo. Ambas hermosas y extraordinariamente glamourosas en el último acto. Tatiana Monogorova tiene una voz dulce y a la vez carnosa. Luce un fraseo excelente que recuerda en ciertos aspectos a Renée Fleming. En escena no precisa en ningún momento de la benevolencia del público, se mueve como una actriz consumada y salta de forma inaudita y espontánea para cantar el final de su gran escena encima de la mesa del comedor. Ekaterina Scherbaschenko, reciente ganadora del concurso de Cardiff y del Viñas hace unos años (¿quién dijo que del Viñas no salían buenos cantantes?) tiene una voz preciosa de mayor volumen que su antecesora, un legato excelente y es algo más comedida a nivel escénico. En el registro agudo recuerda ligeramente a la joven Catherine Malfitano.

Foto: Damir Yusupov / Teatro Bolshoi

Como Lensky un gran tenor, Andrej Dunaev, de voz clara, hermosa, buen fraseador y de cuidada matización. Os dejo el enlace del aria de Faust, vale realmente la pena escucharlo.

El reparto alternativo lo integraba Roman Sulakov de inmaculado fraseo, menor proyección pero también excelente.

Dos espléndidas contraltos para el rol de Olga, Svetlana Simova y Margarita Mamsirova. Por  último mencionar  la bien cantada y mejor actuada Larina de Makvala K (actual directora artística del Bolshoi).

Los roles de Onegin y Gremin fueron a mi entender los peor servidos. A excepción del muy competente Evgeny de Vasily Ladiuk. Su homólogo Viaceslav Suliminsky pareció reservarse de forma evidente en más de una ocasión. Pletórico pero poco elegante Anatoly Kotcherga y discreto Alexander Naumenko como Gremin.

Absolutamente excelente el  nivel de la orquesta del Bolshoi: nitidez de sonido, precisión en los ataques y empaste magnífico bajo la batuta lírica, apasionada y contundente de Alexander Vedernikov.

Al final  multitud de bravos para los solistas con auténtica apoteosis para la orquesta.

Dandini

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La damnation de Faust, Barbican

El pasado martes tuvo lugar la versión en concierto de La damnation de Faust en el Barbican Centre de Londres. Varios eran los atractivos de este concierto, el debut en el rol de Marguerite de Joyce DiDonato, la dirección de Gergiev y escuchar de nuevo a Thomas Quasthoff después del estupendo recital que ofreció en el GTL la pasada temporada.

El último atractivo se vió truncado porque, por motivos de salud, Quasthoff fue sustituido en el último momento por Willard White quizá más adecuado como Méphistophélès que Quasthoff, de una voz más lírica. La verdad es que White estuvo muy bien como Méphistophélès pese a haber llegado a Londres desde Copenhague esa misma mañana.

La dirección de Gergiev me decepcionó un poco. La London Symphony Orchestra sonó bien ya que es una buena formación, destacable fue el solo de cuerno inglés, muy bien ejecutado por Christine Pendrill, del aria de Marguerite L’amour d’ardente flamme, por ejemplo, pero la dirección de Gergiev fue, para mi gusto, demasiado extremista lo que impidió disfrutar de una versión redonda.

Los fortes fueron demasiado secos, no era buen día para sentarse en la primera fila del patio de butacas, lo que contrastaba con los momentos más líricos de la obra que me parecieron mejor tratados por Gergiev.

Tengo que reconocer que me gustó más la versión que pude escuchar en el Teatro Real la pasada temporada bajo la dirección de Nicola Luisotti, mucho más vívida y fluida.

Michael Schade como Faust sufrió un poco, me parece que esta papel no es el más adecuado para él. La verdad es que añoré a Piotr Beczala.

El debut de Joyce DiDonato como Marguerite estuvo muy bien. Estuvo muy entregada, desde el punto de vista dramático, en cada una de sus intervenciones. Consiguió captar la atención del público, apenas se escuchó ningún ruido. Escuchémosle en Autrefois un roi de Thulé (5 m., 20 s.) y en D’amour l’ardente flamme (9 m., 31 s.).

(descarga pista 1, descarga pista 2)

En resumen, se trató de un concierto interesante en algunos aspectos que no acabó de despegar en la dirección musical, al menos es lo que me pareció.

Desde Londres

En un par de días dejaré las crónicas de lo visto estos días en Londres. Espero poder disponer de algún registro sonoro y eso igual atrasa las crónicas.

De momento comentaros que Thomas Quasthoff tuvo que ser sustituído por enfermedad ayer noche en La damnation de Faust en el Barbican. Por suerte pudimos contar con una buena alternativa, Willard White.

Hay que reconocer que los organizadores del concierto fueron muy diligentes avisando de la sustitución por correo elctrónico la misma tarde a primera hora.

En cuanto al Don Carlo de la ROH me ha deparado buenas y agradables sorpresas de las que ya hablaré. Esta noche me toca la segunda dosis que espero me ayude centrar las ideas.

Ver La damnation de Faust, Barbican.